La Gran Comisión y el Cuerpo de la Iglesia

Antes de ascender al cielo, Jesús declaró: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:18-19). Estas palabras constituyen la Gran Comisión y revelan la autoridad de Cristo para reunir un pueblo de toda nación y lengua. El mandato no consiste simplemente en hacer conversos, sino en hacer discípulos, bautizándolos y enseñándoles a guardar todas las cosas que Él mandó.

Que significa la palabra mandato?

De acuerdo al Diccionario de la lengua española:


1.
m. Orden o precepto que el superior da a los súbditos.
Estos los sinonimos: Sin. orden, precepto, prescripción, mandamiento, disposición, encargo, decisión.

Una de las razones principales por la cual debemos de estudiar Mateo 28:19, es por la razon que se trata de uno de los mandamientos de Cristo. El declaro “15 Si me amáis, guardad mis mandamientos;” Juan 14:15

Miremos a la palabra “nombre”, que aparece en singular, no en plural. Jesús no dijo “en los nombres”, sino “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. El bautismo introduce al creyente en una relación de fe con Dios, quien se ha dado a conocer por medio de su Hijo, revelado a todos mediante la palabra, su Espiritu. El bautismo es, por tanto, una confesión pública de lealtad y pertenencia a Dios y a Su reino.

La Comisión fue dada a los discípulos como cuerpo, no como individuos

Según Romanos 6:3-5, el bautismo representa la unión del creyente con la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. “Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo”. Al descender a las aguas, el creyente testifica que la vieja vida de pecado ha terminado; al salir de ellas, declara que ha resucitado bajo el poder del Dios altisimo, para andar en novedad de vida mediante el Espiritu de Dios. El bautismo no es una mera ceremonia, sino un testimonio visible de una experiencia espiritual real. Es el principio de llegar a ser una nueva criatura en Cristo.

Pablo amplía esta verdad en Colosenses 2:12: “Sepultados con él en el bautismo, en el cual también resucitasteis con él”. El bautismo identifica al creyente con la obra redentora de Cristo. Lo que ocurrió en la muerte y resurrección de Jesús se convierte en la experiencia del discípulo mediante la fe. Por esta razón, el bautismo siempre sigue al arrepentimiento y a la creencia del evangelio. Si Cristo fue resucitado por el Padre celestial, todos aquellos sepultados juntamente con Cristo, son llamados a la misma esperanza.

Esta unión con Cristo produce una nueva vida. Pablo escribe: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y vivo, no ya yo, mas vive Cristo en mí” (Gálatas 2:20). Asimismo declara: “Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba” (Colosenses 3:1-3). El bautismo marca el comienzo de una vida escondida con Cristo en Dios, una vida dirigida por la fe y la obediencia al Señor resucitado.

Mateo 28:19 también se relaciona con la incorporación al cuerpo de Cristo. Pablo escribe: “Porque por un Espíritu somos todos bautizados en un cuerpo” (1 Corintios 12:13). El bautismo no solamente une al creyente con Cristo, sino también con Su iglesia. Así como el cuerpo tiene muchos miembros y todos son necesarios, los creyentes bautizados llegan a formar parte de una misma comunidad de fe bajo una sola Cabeza, que es Cristo.

Esta unidad se refleja en la obra conjunta del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. En 1 Corintios 12:4-6 Pablo habla de diversidad de dones, ministerios y operaciones, pero del mismo Espíritu, del mismo Señor y del mismo Dios. El creyente bautizado entra en una relación de servicio y cooperación dentro de la obra divina, recibiendo dones para la edificación del cuerpo de Cristo.

¿Quién proporciona estos dones? La misma Palabra de Dios declara en Efesios 4:7-11 que es Cristo quien concede dones a los miembros de Su cuerpo, la Iglesia. Habiendo ascendido a lo alto, Él repartió dones para la edificación de los santos y para el perfeccionamiento de Su obra en la tierra. Cristo no solamente distribuye los dones espirituales, sino que también establece los diversos ministerios por medio de los cuales estos dones son ejercidos.

La palabra ministro significa siervo, y ministerio se refiere al servicio que se realiza en beneficio de otros. Por lo tanto, todo verdadero ministerio cristiano es una expresión del servicio de Cristo obrando a través de Su pueblo. Ningún ministerio existe para la exaltación del hombre, sino para la gloria de Dios y la edificación de la Iglesia.

Las Escrituras enseñan que cada aspecto de la obra de la Iglesia es dirigido por Cristo mediante Su Espíritu. Asimismo, 1 Corintios 12:4-6 presenta una armonía divina en la administración de la obra, hay diversidad de dones, pero el mismo Espíritu; diversidad de ministerios, pero el mismo Señor; y diversidad de operaciones, pero el mismo Dios que obra todas las cosas en todos. De esta manera, los dones son impartidos por el Espíritu de Dios, los ministerios son dirigidos por el Señor Jesucristo, y las operaciones son gobernadas por Dios para el cumplimiento de Sus propósitos.

Por consiguiente, toda la gloria y toda la honra pertenecen a Dios, quien dirige las diversas operaciones de Su gobierno. Ya sea en la Iglesia militante sobre la tierra, en el ministerio de los ángeles celestiales o en las múltiples operaciones de Su creación, Dios permanece como la fuente, el sustentador y el administrador supremo de toda obra realizada para Su gloria.

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HECHOS DE LOS APOSTOLES

El libro de Hechos muestra cómo la iglesia apostólica obedeció la Gran Comisión. En Pentecostés, Pedro declaró: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros” (Hechos 2:38). Los samaritanos fueron bautizados cuando creyeron la predicación de Felipe (Hechos 8:12). Los discípulos de Éfeso fueron bautizados al recibir una comprensión más completa de Cristo (Hechos 19:5). Saulo de Tarso escuchó las palabras: “Levántate, y bautízate, y lava tus pecados” (Hechos 22:16). En cada caso observamos fe, arrepentimiento y bautismo unidos en una misma experiencia.

El bautismo es parte de la gran magna carta que Cristo entrego a sus discipulos, donde mediante el Bautismo, se hace publico la declaracion, que el creyente cree en Dios El Padre, en su Hijo Cristo Jesus y el poder transformador mediante el Espíritu Santo. También son presentados en las Escrituras como la fuente de la vida y la verdad que el creyente recibe al entrar en pacto con Dios. Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6). Juan declara: “En él estaba la vida” (Juan 1:4). Cristo afirmó además: “Como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo” (Juan 5:26). El bautismo señala la recepción de esta nueva vida que procede de Dios mediante Cristo.

Las Escrituras presentan asimismo al Espíritu como el Espíritu de verdad. Jesús dijo: “Cuando viniere el Consolador... el Espíritu de verdad” (Juan 15:26). Dios es Espíritu (Juan 4:24), y Su adoración debe realizarse “en espíritu y en verdad”. La verdad procede de Dios, quien no puede mentir (Tito 1:2; Números 23:19; Hebreos 6:18), mientras que la vida procede del Padre y del Hijo. Por ello, el creyente bautizado entra en una experiencia centrada en la verdad divina y en la vida que solamente Dios puede impartir.

Finalmente, Mateo 28:19 no termina con el bautismo. El siguiente mandato es: “enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado”. El propósito de Cristo no es simplemente aumentar el número de creyentes, sino formar discípulos obedientes. El bautismo es la puerta de entrada a una vida de aprendizaje continuo, fidelidad a la Palabra y crecimiento en la gracia de Cristo. Cristo declaro en Juan 14 “21 El que tiene mis mandamientos, y los guarda, aquél es el que me ama; y el que me ama, será amado de mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré á él.” “24 El que no me ama, no guarda mis palabras: y la palabra que habéis oído, no es mía, sino del Padre que me envió.”

Es responsabilidad de cada individuo, decidir en cumplir y obedecer los mandatos de Cristo. La Iglesia recibe la autoridad, al avanzar bajo el estandarte de Cristo Jesus.

Los Testimonios

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La Gran Comisión concluye con una promesa: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. La autoridad de Cristo, la obra del Espíritu, la verdad de Dios y la vida manifestada en Su Hijo acompañan a la iglesia en la misión de hacer discípulos. Así, Mateo 28:19 permanece como el fundamento de la obra evangelizadora de la iglesia y del llamamiento de cada creyente a identificarse públicamente con Cristo mediante el bautismo y una vida de obediencia a Su voluntad.

Muchos han afirmado que Mateo 28:19 es un texto espurio, mientras que otros han dado crédito a las afirmaciones de la Iglesia Católica Romana, la cual ha procurado presentarse como la guardiana exclusiva de la autoridad apostólica y para colmo la inspiración del versículo como tal. Sin embargo, el pueblo de Dios no debe fundamentar su fe en las declaraciones de ninguna institución religiosa, sino en el testimonio de las Sagradas Escrituras. La autoridad de la Gran Comisión no depende de Roma ni de tradición alguna, sino de Cristo mismo, quien declaró: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18).

La sierva del Señor advirtió acerca del peligro de aceptar pretensiones humanas de autoridad inspirada por encima de la Palabra de Dios. Ella escribió:

“El romanismo, al reivindicar para su sumo pontífice una inspiración que desciende en línea ininterrumpida desde los apóstoles y que permanece inmutable a través de los tiempos, brinda amplia oportunidad para que toda suerte de extravagancias y corrupciones se oculten bajo la santidad de la comisión apostólica. La inspiración que invocaban Müntzer y sus seguidores no provenía de fuente más elevada que los devaneos de la imaginación, y su influencia socavaba toda autoridad, ya fuera humana o divina. El verdadero cristianismo recibe la Palabra de Dios como el gran depósito de la verdad inspirada y como la prueba de toda inspiración.” — The Great Controversy (1888), p. 193.

¿Notaron lo que declaró la sierva del Señor? Ella señala que el romanismo ha procurado revestir sus enseñanzas y pretensiones con la autoridad de una supuesta sucesión apostólica ininterrumpida. Bajo el manto de una alegada santidad y autoridad apostólica, la Iglesia Católica Romana ha reclamado para sí el derecho de hablar y actuar en nombre de Cristo y de los apóstoles. De esta manera, la misión apostólica y la Gran Comisión han sido presentadas como si estuvieran bajo la administración y control exclusivo de la institución eclesiástica.

Por lo tanto, la cuestión no es qué institución reclama autoridad sobre Mateo 28:19, sino si aceptaremos la Palabra de Dios como la prueba suprema de la verdad o si dejaremos que la Iglesia Catolica Romana, se robe la gran Comisión de la Iglesia de Cristo y haga lo que ella entiende bajo este robo. El verdadero cristiano reconoce que la autoridad de la Gran Comisión procede de Cristo, es preservada en las Escrituras y debe ser recibida por fe, independientemente de las pretensiones de hombres o iglesias.

La Gran Comisión pertenece a Cristo, fue confiada a Su iglesia y debe ser entendida a la luz de la Palabra de Dios, no de las pretensiones de los hombres. La sierva de Dios declara:

“ Recibiréis poder cuando el Espíritu Santo haya venido sobre vosotros, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra. Todo poder me es dado en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Justo antes de dejarlos, Cristo dio a sus discípulos esta promesa del Espíritu Santo, y mientras las palabras estaban en sus labios, ascendió. Una nube de ángeles lo recibió y lo escoltó a la ciudad de Dios. Los discípulos regresaron a Jerusalén, sabiendo ahora que Jesús era verdaderamente el Hijo de Dios. Su fe estaba despejada y esperaban el cumplimiento de la promesa, preparándose mediante la oración para el bautismo del Espíritu Santo. “ Signs of the Times, Septiembre 29, 1899 par 1.

Esas palabras registradas por Mateo, quien fue un testigo de lo que sucedió, son las palabras que salieron de los mismos labios de nuestro redentor.

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La sierva del Señor recibio mucha luz con respecto al tema. Desde el principio del establecimiento de la Iglesia de Cristo podemos ver como Dios fue llamando al pueblo a recuperar la autoridad completa de La Gran Comisión. Es nuestro deber estudiar, escudriñar y aceptar la luz ya una vez revelada. Miremos algunas de estas citas con respecto a La Gran Comisión.

“La Iglesia siempre fue una y entendio lo mismo - Habiendo recibido su comisión de Dios y contando con la aprobación de la iglesia, salieron a bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y a administrar las ordenanzas de la casa del Señor, a menudo atendiendo a los santos presentándoles los emblemas del cuerpo quebrantado y la sangre derramada del Salvador crucificado, para mantener frescos en la memoria de los amados hijos de Dios sus sufrimientos y muerte . “{PE 100.2}


“La comisión de Cristo es: « Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo». Que el pueblo de Dios demuestre que cree en estas palabras . Cumpliendo la comisión del Salvador, serán un poder operante en todos los tiempos.” {RH 4 de febrero de 1904, párrafo 7}

“No nos cansemos de hacer el bien. ¿Por qué habríamos de hacerlo, contando con tales ayudantes que cooperan con nosotros en la lucha de las batallas de la vida? En nuestro bautismo nos comprometimos al servicio de Dios. Recibimos el rito sagrado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Fue un compromiso vital por parte del cielo, siempre que cumpliéramos con las condiciones. «Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios». «A su debido tiempo segaremos, si no desmayamos»." RH May 30, 1912


“Escuchad las palabras de Cristo: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y enseñad a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Ninguna palabra puede expresar la bendición recibida por aquellos que trabajan con fervor para cumplir esta comisión. De los que, después de la resurrección del Salvador, obedecieron Su mandato de impartir la luz que habían recibido, leemos: “Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían”. [Marcos 16:20.]” Signs of the Times, Junio 12, 1901 Ellen. g. White.

La Gran Comisión fue dada a los discípulos como un cuerpo, no meramente como individuos actuando independientemente unos de otros. Aunque cada creyente tiene una responsabilidad personal en la proclamación del evangelio, Cristo confió Su misión a una comunidad organizada de discípulos. Después de la ascensión de Cristo, la iglesia se manifestó públicamente como un cuerpo unido en el día de Pentecostés (Hechos 2:1), capacitada por el Espíritu Santo para llevar el evangelio al mundo.

Las Escrituras identifican claramente a la Iglesia como el cuerpo de Cristo. El apóstol Pablo escribió: “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular” (1 Corintios 12:27). Así como el cuerpo humano posee muchos miembros con diferentes funciones, la Iglesia está compuesta por diversos dones, ministerios y responsabilidades. Sin embargo, aunque los miembros tienen funciones distintas, la misión pertenece al cuerpo entero. Ningún miembro puede separarse del cuerpo y pretender cumplir por sí solo la obra que Cristo encomendó a Su iglesia.

La Gran Comisión no fue entregada a “ojos sueltos” ni a “manos aisladas”, sino al cuerpo completo de creyentes unidos bajo la autoridad de Cristo. La autoridad para predicar, bautizar, enseñar y hacer discípulos procede de Cristo, la Cabeza de la Iglesia, y es ejercida por medio de Su cuerpo. La misión no fue confiada a esfuerzos independientes y desconectados, sino a una iglesia organizada bajo la dirección del cielo.

Desde el principio, la iglesia apostólica comprendió que la obra del evangelio requería orden, unidad y cooperación. La expansión del mensaje no fue llevada a cabo mediante iniciativas aisladas, sino por una comunidad de creyentes que trabajaba en armonía bajo la dirección del Espíritu Santo. La Gran Comisión exigía organización, no confusión; unidad, no fragmentación; cooperación, no independencia.

Asimismo, las Escrituras muestran que el Espíritu Santo guía a la iglesia de manera colectiva en el cumplimiento de su misión. En Hechos 13:2-3 leemos: “Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado”. Es significativo que el Espíritu hablara a la iglesia reunida en oración y ayuno. La decisión misionera surgió en el contexto del cuerpo reunido, no de un individuo actuando por cuenta propia.

Este principio continúa siendo válido. Cristo dirige Su obra a través de Su cuerpo, y el Espíritu Santo continúa distribuyendo dones, levantando ministerios y guiando a Su pueblo en el cumplimiento de la misión evangélica. El mundo no será convencido por esfuerzos dispersos y contradictorios, sino al contemplar un pueblo unido en la verdad, lleno del Espíritu de Dios y comprometido con la obra de Cristo.


La sierva del Señor enfatiza que el bautismo es una ordenanza perpetua, vigente para todas las generaciones de creyentes hasta el fin del mundo.

"Tenemos derecho; Nos ha dicho que avancemos 'en su nombre.' Nos ha dicho que bauticemos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espiritu Santo, y que prediquemos su evangelio." (Ms 192, 1905, párr. 14)

Es necesario que el pueblo tenga fe en estas palabras, es necesario que el pueblo crea en estas palabras. Es necesario que el pueblo regrese a la fe la cual Dios ha entregado al cuerpo de Cristo desde el principio.

Editor J. Alejo